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lunes, 27 de mayo de 2013

Primera Asamblea Continental de Movimientos Sociales hacia el ALBA: Integración desde abajo y desde adentro para la transformación social.

Entre el 16 y el 20 de mayo pasados, en Guararema Sao Paulo, en el hermano país de Brasil, y específicamente en la Escuela Florestán Fernandes del Movimiento Sin Tierra, se llevó a cabo la reunión fundacional de la Articulación de Movimientos Sociales hacia el ALBA. La Asamblea contó con la participación de más de 160 delegados y delegadas de 22 países de Nuestra América, todos ellos militantes de organizaciones indígenas, campesinas, de mujeres, urbanas, feministas, de lucha contra el extractivismo, de educación popular, sindicales, entre otras. Una delegación peruana estuvo allí representando a la Articulación de Movimientos Sociales del Perú, espacio identificado con esta iniciativa y que viene trabajando hace ya cierto tiempo y que ha venido realizando algunas actividades, incluida una Plenaria Nacional. El MPP también hace parte de este esfuerzo de construcción de un Frente de trabajo internacionalista.

La Asamblea, dedicada al presidente Hugo Chávez inspirador fundamental del ALBA y del nuevo aliento que han tomado los pueblos del mundo en su lucha libertaria, se produce luego de un proceso de maduración de algunos años. Con una historia previa que se relaciona con la dinámica de articulación de los movimientos sociales en el marco del Foro Social Mundial, y con el desarrollo reciente de algunas iniciativas, se han ido sentando las bases de la articulación de movimientos socio-políticos de Nuestra América. Podemos mencionar entre estas iniciativas la realización de escuelas de formación de militantes, cuadros, formadores con un alcance continental, especialmente las realizadas en la Escuela Florestán Fernades; el impulso de la comunicación popular, comunitaria y comunal consideradas fundamentales para romper los cercos mediáticos a lo largo de nuestros países; la realización de campañas continentales de apoyo a la lucha de los pueblos; y, finalmente, diversas reuniones, tanto en los propios países a través de sus capítulos, como de coordinación continental.

Así, llegamos a esta Asamblea fundacional en la que se definieron una primera estructura orgánica, líneas de acción conjunta y se reafirmó la adhesión a la Carta que dota de identidad a la Articulación. Relatar lo vivido que incluye el trabajo diario desde lo cotidiano en la Escuela donde todos y todas hacemos las labores de limpieza y mantenimiento o analizar las discusiones y reflexiones desarrollados en esta rica experiencia, implicaría una mayor extensión en el presente artículo, por lo que nos referiremos a algunos aspectos solamente. 

1.     Un espacio de renovación política y revolucionaria desde los movimientos sociales

Entre las cosas que es preciso mencionar está el hecho que esta reunión congregó a un conjunto de movimientos sociopolíticos que, recogiendo lo mejor de la tradición revolucionaria del continente, han decidido también asumir los desafíos de la nueva escena contemporánea, así como superar muchas de sus propias limitaciones que se constituyeron en trabas en la historia de la izquierda latinoamericana y mundial.

En este sentido, muchas de las organizaciones presentes reivindican el poder popular como un eje fundamental para la construcción de una alternativa desde la diversidad al capitalismo, recogen el horizonte del buen vivir para la construcción del ecosocialismo y asumen en toda su complejidad la tarea de impulsar estos procesos desde un internacionalismo renovado. Esto, en un contexto en el que son varios tipos de proyectos los que están en juego en América Latina y el Caribe con gobiernos de diverso signo que obligan a establecer un conjunto de estrategias diversas en las que el denominador común es la necesidad de afirmar la autonomía y hacer de los movimientos motor del poder constituyente y transformador de la realidad de nuestros pueblos, sin dejar de lado el reto de la proyección política hacia lo institucional.

De esta manera, la hipótesis radicalmente democratizadora del poder popular, que se centra en la construcción de sujetos colectivos que combaten las relaciones coloniales de explotación capitalista, de opresión patriarcal, de discriminación étnico-racial, de cosificación y mercantilización de la naturaleza, y de dominación imperialista, apunta al autogobierno, la construcción de nuevas relaciones sociales desde abajo, y a una integración entre los pueblos basada en la solidaridad como base para la construcción del sueño emancipador del ecosocialismo.

En un proceso que implica abordar los lados más sombríos y los radicalmente humanos, en medio dela exacerbación por parte del capitalismo  de la soledad y el egoísmo, los participantes pusieron en juego y en una discusión potente los métodos de trabajo, las formas de discutir y construir lo colectivo, y de trabajar sobre la base de la diversidad constitutiva de lo popular, considerada como una fuente de riqueza y no como una traba para la lucha y la elaboración de alternativas.

Una izquierda nueva ha emergido en el continente y halla una de sus primeras síntesis en la articulación tras largos años que sobrevinieron luego de la derrota sufrida por los experimentos socialistas, representada la caída del Muro de Berlín; el arrinconamiento de Cuba y la imposición violenta del neoliberalismo a escala global. Hija de las luchas alterglobalizadoras, y de la resistencia tenaz de los movimientos sociales al nuevo orden mundial contribuyendo a abrir el curso de muchos de los procesos de cambio que vive Nuestra América, esta izquierda también hunde sus raíces en las históricas luchas de los pueblos originarios, del sueño bolivariano, de los trabajadores, y de las mujeres.

2.     Articular nuestras luchas a una escala continental y global para superar el capitalismo.

En las discusiones desarrolladas en la Asamblea se hizo un diagnóstico del capitalismo, de las dificultades de los gobiernos progresistas y de la ventana que se abre en este momento para profundizar los procesos de cambio en el continente desde la radicalidad política de los movimientos sociales, esto con el aporte de compañeros y compañeras como Isabel Rauber, Claudio Katz, François Houtart y Gustavo Codas. Resaltamos la caracterización de los proyectos en curso en Nuestra América que se vinculan además a diversas formas de integración. De esta manera se constató la persistencia del proyecto neoliberal en el que se articulan gobiernos como los de México, Colombia, Chile y Perú y que apuestan a lanzar la Alianza del Pacífico en función de los intereses del imperialismo norteamericano y que no es otra cosa que la re-edición, aunque mucho más ambiciosa, del ALCA que fuera derrotada el 2005 en Mar del Plata.

Los gobiernos neo-desarrollistas que se debaten entre momentos de afirmación de la soberanía y proyectos de desarrollo autónomos en el marco de esfuerzos por avanzar hacia formas de capitalismo nacional y estados sociales redistributivos sin necesariamente procesar cambios estructurales; y su dependencia de economías rentistas y extractivistas con tendencias a reforzar las formas de acumulación por desposesión de alcance global. De esta manera, estos gobiernos se hallan vinculados fundamentalmente a procesos de integración relacionados a la economía y los mercados y también dinámicas geopolíticas, generando principalmente espacios de comercio común que pueden aportar a la proyección de las economías nacionales, pero también son aprovechados por las trasnacionales. Entre estos están por ejemplo el MERCOSUR y la CELAC.

Finalmente, tenemos el atisbo de una forma de integración distinta, que trasciende lo económico y que busca desarrollar la solidaridad, la complementariedad, la no competencia y el buen vivir entre los pueblos,. Esta iniciativa nacida de la Venezuela Bolivariana, a la que se adhirieron varios otros gobiernos populares es la que toma forma en el sueño de la Alianza Bolivariana de las Américas- ALBA. Dentro de esta iniciativa, que agrupa a varios estados, se abrió hace algunos años un espacio para los movimientos sociales continentales. Estos, se propusieron empujar esta modelo de integración aún en construcción, en contradicción con los gobiernos neoliberales, en alianza y lucha con los contradictorios gobiernos neodesarrollistas y a través del impulso de iniciativas concretas en el marco de los procesos más avanzados, asumiendo que los gobiernos populares se siguen desenvolviendo en el marco Estados capitalistas.

De esta manera se trata de empezar a articular las luchas de los pueblos en un conjunto de ejes tanto (multi)sectoriales, trasnversales-funcionales (formación, comunicación) y de campañas concretas en las que se busca trascender el “apoyo moral” para pasar a la solidaridad activa a través de brigadas, la movilización de masas, entre otras formas de ejercicio concreto del internacionalismo para respaldar las diversas luchas. Igualmente se trata de ir desarrollando propuestas desde los movimientos para construir alternativas concretas al neoliberalismo y al capitalismo. Muchas de las organizaciones presentes, desde su práctica concreta han desplegado no sólo lucha de masas, sino han aportado a la construcción de espacios de decisión popular en espacios comunales, barriales y laborales; han impulsado espacios de formación política y académica popular; emprendimientos autogestionarios de diverso tipo y de carácter productivo entre otros, en su búsqueda por construir aquí y ahora alternativas al capitalismo.

Atraviesa la apuesta de los movimientos sociopolíticos hacia el ALBA el convencimiento que la lucha y las experiencias que se vienen construyendo desde los diversos espacios territoriales y sectoriales, desde los ámbitos locales y nacionales, no se sostendrán si es que no lo hacen desde una perspectiva continental e incluso global para derrotar decididamente al capitalismo y avanzar hacia el socialismo.

3.     Las tareas y la urgencia de la solidaridad.

Un conjunto de acuerdos y lineamientos se definieron en la Asamblea (los que se pueden encontrar en las páginas relacionadas a la articulación que adjuntamos más abajo), todos puestos de manera permanente en discusión y establecidos como herramientas de trabajo para avanzar en la lucha. Más allá de estos acuerdos y lineamientos con sus vacíos y limitaciones que deberán seguir siendo debatidos y mejorados rescatamos los desafíos planteados por Joao Pedro Stedile del MST brasileño, como dinámicas y ejes permanentes de trabajo:

-    Impulsar la lucha de masas a nivel continental que no es otra cosa que multiplicar la acción política de los pueblos.
-   Desarrollar la formación política que la que ninguna institución educativa formal se hará cargo y que es tarea de la militancia popular.
-   Multiplicar los medios de comunicación popular y hacerle contrapeso al poder mediático en nuestros países y en el conjunto del continente.
-   Efectivizar la solidaridad activa con los pueblos de Nuestra América. No basta con declaraciones, se necesita poner el cuerpo.
-    Avanzar en las experiencias de educación popular para fortalecer a las organizaciones de base y las luchas populares.
-    Promover las experiencias de autogestión y economía popular.
-  Finalmente, articular todas nuestras luchas desde una perspectiva anticapitalista, antipatriarcal, antimperialista.

Stedile afirmó que el socialismo no es una doctrina, es un horizonte que debe desarrollarse en la “lucha de clases”, en medio de las mayorías y sus realidades concretas. Rechazó así la actitud de los “socialistas” que sólo quieren reunirse y relacionarse con los que son socialistas cuando lo que hay que hacer es actuar y aprender en las luchas concretas y de cara a las grandes mayorías populares.

Finalmente, asumiendo la urgencia de solidaridad con pueblos hermanos como Cuba, Venezuela, Honduras y Paraguay, recogemos la tarea inmediata de poner los ojos en pueblos que han sido sistemáticamente agredidos y que se vuelven claves en la hora presente: Colombia, donde ahora se procesa el diálogo de paz entre las FARC y es Estado, requiere hoy más que nunca del apoyo del continente entero. La paz y la justicia social deben llegar pronto al pueblo colombiano lo que además será clave para desmilitarizar el continente. La otra gran herida es Haití, donde incluso muchos de los gobiernos progresistas y populares tienen a sus tropas como fuerzas de ocupación. Haití, cuna de la emancipación nuestroamericana no puede seguir en el olvido de los internacionalistas que han decidido avanzar en la construcción del socialismo indo-afro-caribeño.

Algunos Documentos para más información:
Carta de los Movimientos Sociales Belém 2009
Declaración de la Primera Asamblea Continental de los Movimientos sociales



domingo, 9 de octubre de 2011

Ecuador y Bolivia frente a la colonialidad del Capitalismo Verde/Katu Arkonada y Alejandra Santillana



 En Ecuador y Bolivia, procesos desde donde hablamos y en los que militamos, enfrentamos el complejo reto de cambiar el curso de la historia entre el Norte y el Sur, que nos ha otorgado desde la colonia y el surgimiento de los Estados incompletos y fallidos, el trágico papel de exportadores de materias primas.

Extractivismo y colonialidad

Como sabemos el capitalismo funciona históricamente y de manera diferenciada tanto en lo territorial como en la configuración de relaciones sociales y en la existencia de una exterioridad, que corresponde a lo que Marx denominó una acumulación originaria del capital. Pero esto no estuvo presente solo en una primera fase de constitución del capitalismo, sino que se volvió parte de la expansión y construcción de hegemonía del mismo. El capitalismo por lo tanto coexiste tanto con ciclos de acumulación originaria y producción de exterioridad como con ciclos de acumulación ampliada. La producción de exterioridad significó para nuestros países el anclaje entre capitalismo y colonialidad, porque fueron nuestros territorios los que en la división internacional del trabajo constituyeron las colonias de donde se extraían recursos naturales y se transfería valor hacia el Norte. En efecto, el capitalismo construye y agudiza en forma de progreso y desarrollo, la necesidad de una exterioridad, un afuera que se refiere a la formulación de la naturaleza como esfera de explotación que se articula a la lógica de acumulación.

Los actuales procesos por los que atraviesan Ecuador y Bolivia se encuentran marcados por este sentido histórico, cuya matriz extractivista adquiere nuevos revestimientos y matices en un contexto de crisis de los países del Norte y arremetida del capitalismo para mercantilizar lo que queda del mundo de la vida y poder someterlo a los mercados especulativos.

Capitalismo verde

Este nuevo pacto ha significado el regreso a un principio ideológico del capitalismo, la creencia de que es dentro del mismo sistema que se pueden perfeccionar y reducir los costos y la coexistencia con la crisis. El producto más prolífico y perverso de este pacto es sin duda el capitalismo o economía verde que aparece como respuesta a la crisis climática, pero que constituye una nueva estrategia de acumulación y ampliación de mercados esta vez, verdes. El capitalismo verde se asienta sobre un nuevo pacto colonial, que pretende transferir la responsabilidad de la crisis climática a los países del Sur, bajo la intención de imponernos mecanismos como la Reducción de las Emisiones derivadas de la Deforestación y la Degradación Forestal (REDD) y otras estrategias vinculadas con el mercado del carbono, los agrocombustibles y los organismos genéticamente modificados (OGM)[1], a la par que las empresas y los países del Norte pagan ínfimas cantidades de dinero para que los países del Sur reduzcan sus emisiones, mientras ellos siguen emitiendo gases de efecto invernadero que contaminan al mundo.

No es sólo que la exterioridad colonial del capitalismo ha significado que sea con nuestros recursos y mano de obra que los países del Norte puedan crecer e industrializarse en un primer momento de acumulación originaria, sino que durante más de 500 años hemos ido actualizando esa injusta división internacional del trabajo. En el actual momento histórico y a nombre de que nuestro camino al desarrollo genera contaminación, el Norte ha decidido negarnos la posibilidad de que soberanamente podamos alcanzar lo que en 200 años de Estados incompletos jamás pudimos, justicia social. Los mecanismos del capitalismo verde niegan derechos legítimos de los sectores subalternos en el Sur, asignando un precio a los servicios del ecosistema y desarrollando mercados para estos servicios, como el agua, las tierras o el carbono de nuestros bosques y tierras comunales, así como iniciando una nueva fase de privatización de la naturaleza que relega al Estado a una función de regulador del mercado y que reduce los problemas de la degradación medioambiental a un plano de soluciones tecnológicas, creando nuevos mercados orientados a vender la tecnología de los países del Norte a nuestros países en el Sur.

La economía verde antepone el principio del negocio y del lucro por encima de cualquier consideración social. No hay más que ver las propuestas sobre agua que propone el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, UNEP por sus siglas en inglés,

“(…) además de satisfacer necesidades humanas básicas de agua potable, la inversión en el sector del agua es también un buen negocio. A nivel mundial, el mercado de la eficiencia del suministro de agua y saneamiento se estima en 253 mil millones de dólares y aumentará a 658 mil millones en 2020. La inversión estimada de 15 mil millones de dólares americanos por año para alcanzar la meta de los ODM de reducir a la mitad paria el año 2015 el porcentaje de personas sin acceso sostenible al agua potable y saneamiento básico, podría generar beneficios económicos por un valor de 38 mil millones de dólares al año, en donde los beneficios solamente para el África subsahariana serían de 15 mil millones”[2].

Otro argumento para rechazar la economía verde es que reemplaza el concepto de cooperación internacional por el de inversiones, así como el de países donantes por países inversionistas, y promueve la prevalencia de los partnerships basados en criterios de negocios por encima de la cooperación Norte y Sur. Esto tiene una implicación en los recursos para la financiación del desarrollo de los países del Sur, porque los recursos financieros para la economía verde vendrán de mecanismos financieros que movilizarán recursos del mercado de capital internacional emitiendo bonos de largo plazo que serán pagados por los países donantes en 20 o 30 años; recursos destinados ya no a la cooperación sino a inversiones inmediatas en los países en desarrollo en campos como agua “cuyas tasas de retorno son extremadamente favorables y rápidas”[3].

Ecuador y Bolivia

El capitalismo verde es parte fundamental del nuevo ciclo del capitalismo, un ciclo en el que se utilizan procesos de acumulación originaria para mantener el sistema capitalista, lo que David Harvey denomina acumulación por desposesión. Es la forma territorial y espacial que el sistema capitalista desarrolló para volver mercancía toda esfera de la vida, y es el mecanismo para configurar nuevos territorios, procesos de desterritorialización y reterritorialización cuyo objetivo central es la acumulación y la ganancia y no la reproducción de la vida.

En ese contexto, los procesos que se plantean la superación del neoliberalismo como transición hacia el Buen Vivir o Vivir Bien en cuanto a horizonte de descolonización alternativo al capitalismo, están marcados por un enorme reto. Ecuador y Bolivia tienen varias responsabilidades históricas para dar respuesta a este nuevo imperialismo financiero terrorista para con el Sur.

En primer lugar, en el ámbito internacional, y como miembros destacados del ALBA, deben liderar una respuesta en clave de justicia ecológica, social e histórica, ante la cita de la XVII Conferencia de las Partes (COP17) de la Convención sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas, que tendrá lugar en Durban (Sudáfrica) del 28 de noviembre al 9 de diciembre de 2011. En Durban debemos ratificarnos en el Acuerdo de los Pueblos de la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra de Tiquipaya.

En segundo lugar, y ya en un ámbito nacional y de políticas públicas, se deben adoptar una serie de acciones destinadas a destapar el disfraz verde del capitalismo. Medidas como el fomento de la agroecología a la vez que se destierran las subvenciones al agro negocio, prohibiendo además los organismos genéticamente modificados y los agroquímicos. Se deben impulsar asimismo otras formas de organización económica no capitalista, bajo lógicas comunales y comunitarias, y con el horizonte de la soberanía alimentaria. Todo ello enmarcado en procesos de reforma agraria, que promuevan una redistribución de tierras que beneficie al movimiento campesino y a los pueblos indígenas.

Tampoco podemos olvidarnos de Rio+20, la Cumbre de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible, a realizarse en Rio de Janeiro entre el 4 y el 6 de junio de 2012. Debemos ir a Rio con el objetivo de superar la pobreza y las desigualdades en clave de justicia social, pero también con el objetivo de restablecer el equilibrio con la Madre Tierra. El capitalismo verde será la apuesta fundamental del Norte en Rio+20, y como respuesta debe haber una articulación Sur Sur que rechace la mercantilización de la naturaleza. Es un error pretender descomponer la naturaleza en servicios ambientales sujetos a valoración monetaria e intercambio mercantil. No se debe poner precio a la función de almacenamiento de carbono que cumplen los bosques y menos promover su mercantilización como sostiene la iniciativa REDD.

En ese sentido debemos ratificar y profundizar la apuesta que hicieron Ecuador y Bolivia por una nueva arquitectura financiera, que desde la soberanía, la solidaridad y la cooperación, haga frente a la mercantilización y privatización. Se vuelve urgente y necesario consolidar un mecanismo tan útil para nuestros procesos como el Banco del Sur. Tampoco debemos olvidarnos de impulsar el Tribunal Internacional de Justicia Ecológica y Climática que persiga las violaciones a los derechos de la naturaleza.

Sabemos que el capitalismo verde nos va a llevar a un nuevo colonialismo moderno bajo la lógica de adaptación capitalista, donde se elimina la lógica de las responsabilidades comunes pero diferenciadas, buscando traspasar cada vez mayor responsabilidad a los países del Sur, promoviendo la lógica de que las responsabilidades tienen que ser cada vez más comunes y menos diferenciadas. Todo esto nos lleva a pensar que el capitalismo verde es una de las nuevas estrategias que tiene este sistema para construir ideológicamente hegemonía.

Ecuador y Bolivia se encuentran inmersos en procesos constituyentes, de desarrollo legislativo de nuestras Constituciones, que marcan el horizonte del Buen Vivir o Vivir Bien como paradigma alternativo de desarrollo, y en ese sentido oponerse al capitalismo verde supone pequeños pasos, tanto en el camino de la descolonización, como de la construcción de una sociedad postcapitalista.

* Katu Arkonada es investigador social diplomado en Derechos Económicos, Sociales y Culturales y Políticas Publicas, Alejandra Santillana es socióloga y militante feminista de la Asamblea de Mujeres Populares y Diversas del Ecuador

** Publicado originalmente en el número especial sobre capitalismo verde de la revista de la Agencia Latinoamericana de Información (ALAI)

[1] Vía Campesina, llamamiento a Durban
[2] UNEP, Global Green New Deal (2009), en
http://www.unep.org/pdf/A_Global_Green_New_Deal_Policy_Brief.pdf
[3] UNEP, Global Green New Deal (2009)

Bolivia: La obstinada potencia de la descolonización/ Raúl Zibechi

No es fácil encontrar un presidente que pida disculpas en público ante su pueblo, por las razones que sean, y menos aún cuando a los que solicita el perdón se oponen a un proyecto defendido con vehemencia por la máxima autoridad. Evo Morales es el único presidente que lo ha hecho en los últimos años, que yo sepa.

No es fácil encontrar un movimiento popular capaz de movilizarse con energía en defensa de un modo de vida que se está extinguiendo en el mundo, y de hacerlo incluso contra un gobierno presidido por alguien de su propia sangre, al que consideran hermano.

Es evidente, el propio gobierno lo reconoció, que la represión contra quienes defienden el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS) fue una decisión equivocada y una acción criminal. La población boliviana no está dispuesta a tolerar represión y muerte. Fue la masacre del Porvenir, en Pando en 2008, la causa de la derrota de la oligarquía cruceña. La población no tolera la violencia del Estado. Fueron demasiadas represiones en muchos años, desde la última de 2003 que se cobró 75 vidas en dos días, hasta las no tan lejanas de los 70 en las que los muertos se contaban por centenares.

Esa conciencia anti-represiva es una buena señal que Evo, y quienes apoyan su proyecto, podrían tomar como punto de partida para enderezar el proceso, porque esa misma población no está dispuesta a ser juguete de la derecha ni del imperio, como lo demostró de sobra por lo menos desde la Guerra del Agua en abril de 2000, en Cochabamba.

Es inocultable que hay intereses oligárquicos y multinacionales que se frotan las manos ante el conflicto en torno al TIPNIS, y hasta se tiñen de ambientalistas para promover distancias entre gobierno y movimientos. Es oportunismo y es síntoma de una derrota histórica infligida por esos mismos movimientos. La derecha boliviana no tiene espacio ni aire y sólo respira cuando el gobierno se equivoca, como lo hizo en diciembre cuando el “gasolinazo” y ahora con la represión en Yucumo.

También es evidente que la dichosa carretera interesa más al expansionismo brasileño que a la propia Bolivia. Nótese que algunos de los más importantes movimientos en la región, como el de Puno contra la minería y las hidroeléctricas y como el que defiende el TIPNIS, están enfilados contra proyectos de las multinacionales brasileñas financiadas por el BNDES. La misma lucha en Brasil enfrenta las represas de Belo Monte y del río Madera. Lo que menos necesitamos es debatir a quién beneficia cada acción: si a la derecha y el imperio o al subimperio y la burguesía paulista.

El fondo de la cuestión es el camino que desean transitar los pueblos que habitan Bolivia. Y esta es la cuestión más difícil, la más espinosa y la que menos estamos debatiendo. ¿Acaso alguien puede ignorar que el Buen Vivir y la no explotación de la naturaleza impedirá el acceso al consumo a grandes sectores de la población? ¿Es posible combinar una política no desarrollista, con bajo crecimiento económico, con una mínima satisfacción de las necesidades de alimentación, salud y educación de toda la población?

Es evidente que no tenemos respuestas, porque sencillamente no sabemos; y no sabemos porque damos por sentado que no hay vida más allá del modelo basado en el crecimiento económico. Podemos elegir la austeridad para sostener un proyecto de cambios, pero esa opción debe pasar por un debate sincero que no puede ser protagonizado por los sectores acomodados e ilustrados de las clases medias, que no son austeras ni están por fuera del consumo. Ese debate deben orientarlo los de más abajo, los que hasta ahora no tienen la vida resuelta, porque son los y las que pusieron el cuerpo contra el neoliberalismo y porque son quienes más tienen para perder si los procesos de cambio se desmoronan.

Hace falta voluntad política, y cierta audacia, para encarar esos debates y no dar por sentado que los tecnócratas de arriba ya saben lo que se necesita. La ventaja de Bolivia es que hay un presidente capaz de pedir perdón y, sobre todo, movimientos de los diversos abajos que saben lo que no quieren y están dispuestos a dar la vida para evitarlo. No sabemos, sin embargo, cómo es el Buen Vivir aquí y ahora, y eso debemos reconocerlo por una cuestión ética y porque sólo así es posible enriquecer los debates.

Convocar un referendo, como anunció Evo, en los departamentos de Beni y Cochabamba, donde está el TIPNIS, es la mejor forma de evitar debates de fondo. El problema es que abrir un proceso de debates, que no de negociación, requiere mucho tiempo, pero ese es el costo que una sociedad debe estar dispuesta a pagar para resolver cómo y por dónde.

La disputa entre movimientos y gobierno, que en Bolivia se va a mantener largo tiempo, es la mejor noticia incluso para los gobernantes que quieren cambios de verdad y no sólo estar aferrados a un cargo. No fue la “lucidez” de los cuadros, siempre blancos y tecnócratas, ilustrados y bien hablados, lo que cambió América Latina en la década oscura del neoliberalismo sino la acción cotidiana de las gentes del color de la tierra. Pensar que son buenos para poner el cuerpo pero no para conducir, sería reproducir los modos coloniales que son, precisamente, lo que pretendemos remover.

Decir Bolivia, aún hoy, es decir que todavía es posible que los de más abajo decidan. En el acierto o en el error. ¿No es esa la descolonización?

- Raúl Zibechi es periodista uruguayo, docente e investigador en la Multiversidad Franciscana de América Latina, y asesor de varios colectivos sociales.

ALAI AMLATINA, 29/09/2011