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jueves, 5 de abril de 2012

Pronunciamiento del MPP a veinte años del golpe de estado fujimontesinista



Un 5 de abril de 1992, Alberto Fujimori, Vladimiro Montesinos, un sector de las Fuerzas Armadas, grupos económicos y mediáticos urdieron un golpe de estado que no sólo terminó con el periodo democrático iniciado en 1980 sino con un proceso más vasto de transformación democratizadora iniciado a finales de los años sesentas que acabaría con la oligarquía, contribuyendo desde entonces a la constitución de una neo-oligarquía trasnancionalizada.

Así, hace 20 años empezó a consolidarse en nuestro país la instauración de un modelo no sólo económico, sino político y cultural: el neoliberalismo. Un modelo represivo, criminal, envilecedor y corrupto que debió apelar a la dictadura política económica y cultural, a la violación de los derechos humanos, a la manipulación mediática y psicosocial, y al saqueo de nuestros bienes públicos para realizarse y perdurar.

En un contexto en el que un modelo de acumulación capitalista transitaba hacia otro, tuvo lugar una prolongada crisis que destruyó, junto a la guerra sucia alentada por el terrorismo subversivo y el terrorismo de estado, los derechos conquistados y el tejido social y organizativo construido a lo largo de décadas por los sectores populares en el Perú.

Desde entonces padecemos, a pesar de los recambios de gobierno a través de las elecciones, muchos de ellos elegidos por una sólida voluntad de cambio, un “estado de excepción” que tiene su documento fundamental en la constitución del 93, surgida del fraude, y que garantiza la reproducción del mismo modelo. Un país cada vez menos democrático con la soberanía popular restringida y sometida a los poderes fácticos, un Estado represivo y criminalizador funcional a una economía global de “acumulación por desposesión”, que pasa por encima de los pueblos que habitan el país violentando sus derechos, culturas y territorios, que nos condena a ser productores coloniales de materias primas y que perpetúa una corrupción cada vez más legalizada e institucionalizada.

Vivimos pues en un país en el que se siguen exacerbando las diferencias e injusticias sociales y culturales, se multiplican las ciudadanías de segunda categoría, se extiende la violencia asesina que acaba con la vida de quienes se resisten a la infamia para enriquecer y dar poder a unos pocos a los que poco interesa el futuro, quienes a nivel local, nacional y global destruyen la experiencia acumulada por la humanidad y a la naturaleza en medio de una evidente crisis civilizatoria.

Veinte años después la tarea de abrir un nuevo curso y construir un proyecto histórico popular, democrático, intercultural en nuestro país está pendiente. Un proyecto de democratización radical del estado y de la sociedad, un Estado plurinacional que haga realidad la convocatoria a la patria de todas las sangres en el que los pueblos y sus territorios son respetados, en el que en el campo y la ciudad construimos una sociedad basada en la autonomía, la solidaridad y el buen vivir a diferencia de la lucha fratricida brutal y depredadora a la que nos somete el actual modelo. Un proyecto que permita generar un mundo multipolar y solidario que afronte la grave crisis ecológica, la guerra y el pillaje capitalista.

Hoy más que nunca la izquierda, los movimientos sociales, los trabajadores, los indígenas, las mujeres, los y las jóvenes que logramos la derrota del fujimontesinismo estamos llamados a construir este proyecto que tiene para nosotros un norte y un medio fundamental: la construcción del poder popular, el ejercicio del poder constituyente que de cara al bicentenario de la República nos permita, en las calles, en los espacios institucionales, en diversas experiencias de transformación concreta de las relaciones sociales en múltiples ámbitos, lograr una democracia sustantiva, una sociedad justa y con reconocimiento de su diversidad logrando así una patria para todas y todos, un Perú Nuevo dentro de un mundo nuevo.

miércoles, 25 de mayo de 2011

¿Suspensión del pensamiento crítico de izquierda por elecciones?/ Alvaro Campana


El Perú se debate en un momento político difícil: estaríamos ad portas del retorno de la versión más “repugnante” de la derecha al gobierno a través del fujimorismo. Frente a ello se plantea la unidad en torno a Ollanta Humala como la opción de salvar la democracia. Pero lo que no se dice es que, aún así, la derecha está ganando porque a “amansado” (Cotler dixit) a Humala quien prácticamente ha capitulado frente a la derecha más liberal (política) para obtener su apoyo y se consolida nuevamente el binomio democracia-mercado como fundamento del discurso hegemónico y su próximo gobierno como opción de gobernabilidad.

Es decir la derecha tiene la opción de escoger entre su mal mayor (alentada por su terror a lo plebeyo y a cualquier apertura al cambio, que representa Humala) porque lo que ofrece un gobierno de K. Fujimori es una mayor polarización social; o su mal menor que es el propio Humala. Nosotros no tenemos otra que apostar por una opción, Humala, que ha reconfigurado su propuesta a un compromiso por gestionar de manera más honesta y con mayor solidaridad el neoliberalismo.

Se ha dicho que no hay una correlación político electoral favorable, y es cierto. Un tercio del electorado del país es el voto duro de Humala, el voto descontento y antineoliberal que se muestra en la especialmente en el sur del Perú. Mientras, K. Fujimori se apoya también en su tercio electoral duro con sectores que fueron objeto de las políticas focalizadas y clientelares, los sectores más regresivos y corruptos de la estructura de poder (iglesia católica conservadora, varios empresarios y tecnócratas, sectores de las fuerzas armadas) y también sectores autoritarios y conservadores de las clases medias y populares. En medio, un voto que se divide entre ambos pero que es el que o quiere más libre mercado, racista y de clase media y que apoyara a Fujimori; y del otro, un sector más liberal, que apostará en parte por Humala aunque con muchas reticencias, y por un continuismo pero con mejoras y ajustes y que tiene fuertes resistencias al fujimorismo.

Por ello, y de hecho así se ha sostenido, el cambiar el programa de la “Gran Transformación” por el de la “Concertación Democrática”, expresaría que no es posible hablar de una correlación social, ni electoral favorable a la "gran trasnformación" sino que es necesario concertar con otros sectores.

De esta manera la discusión no gira ya en torno a una agenda antineoliberal, o que cuestione de manera significativa la estructura de poder instaurada precisamente a partir del gobierno fujimorista. La discusión gira en torno a las calidades morales de los fujimoristas (ya no los neoliberales) y la violación a los derechos humanos en el gobierno de Alberto Fujimori. El debate se desarrolla fundamentalmente por derechas desde una perspectiva moralista y/o pragmática. Es cierto que en la “carrera electoral” la propia candidata del fujimorismo ha hecho declaraciones favorables a impuestos a las sobreganancias y que mostraría un cambio de subjetividad respecto de las necesidades del país.Sin embargo, eso nos suena más al cambio responsable alanista que ya sabemos fue y es una farsa.

El repliegue es tal que hasta Álvaro Vargas Llosa, uno de los escritores del “Perfecto Idiota latinoamericano” libro en el que según él se burla de la cultura de izquierdas en América Latina, y de quien no discutimos su honestidad o bondad, aparece hoy como uno de los principales voceros para terminar de “adecentar” la candidatura de Humala y decantar a un sector indeciso de la población para lograr su triunfo en las elecciones. así, en el camino aceptamos de contrabando ideológico una serie de afirmaciones que parecen cimentar aún más el sentido común neoliberal, en su versión demoliberal. Su lectura conservadora sobre los procesos de cambio en América Latina, su disociación del neoliberalismo con las dictaduras, la intocabilidad de la constitución y los intereses de los inversionistas, entre otros son ejemplo de ello.

Este panorama, nos da una radiografía de en qué está la sociedad peruana y cómo a partir de esa situación podemos construir un proyecto de izquierda sostenido en una mayoría social, política y electoral. Pero también, aquí nos concentramos en esto, nos obliga a revisar nuestras propias responsabilidades y limitaciones discursivas y prácticas como izquierda en el momento actual. Muchos compañeros queridos nos han dicho: “ya déjense de decir sólo No a Keiko, y digan SI a Humala”, sin más. No han faltado jalones de orejas porque los grandes grupos de poder comunicacional nos tienen tan de rodillas, que hay que ser cautos hasta con hacer política en la calle, "no nos vaya a quitar puntos", permitiendose así que se criminalice aún más la protesta social en el espacio público.

Y nos preguntamos entonces ¿ha entrado en suspenso el pensamiento crítico de izquierda? ¿Tenemos algo que decir o qué hacer respecto de cómo está configurado el poder en el Perú en la coyuntura electoral? ¿Tenemos algún proyecto desde el cuál construir/disputar el poder, que en este contexto nos permita debatir posiciones con la derecha fascista y con la derecha liberal? Desde la izquierda, o lo que queda de ella, no estamos empleando la lógica “alianza y lucha” en la coyuntura actual y mucho menos estamos planteando tampoco una orientación programática que nos permita pelearla desde la izquierda y configurar un actor social que levante un proyecto alternativo. Debe ser que definitivamente nuestra izquierda es tan “arcaica” o “moderna” que se ha quedado sin argumentos más allá de lo testimonial, lo moral o los argumentos tecnocráticos aprendidos en tantos cursos y proyectos en las ongs auspiciados por el Banco Mundial.

Creemos que, sin embargo, y a pesar de los chantajes de la derecha, de los sermones en el propio campo para medir las consecuencias de lo que hacemos en la calculadora electoral, o de la resignación a la política expropiada que se expresa y ejerce sólo en los gestos de los candidatos y los “políticos”, en las nuevas generaciones se empiezan a desplegar un conjunto de iniciativas (discursivas y prácticas) que nos pueden ayudar a parir una izquierda que esté a la altura de los cambios estructurales de los que tanto se habla. En la “cruzada antifujimorista” aparecen así un conjunto de subjetividades, sensibilidades y demandas que nos pueden permitir construir una nueva izquierda.

¿Por dónde podría ir esta emergencia y hacia donde podría desembocar? Se nos ocurren las opciones siguientes que presentamos en forma de preguntas: ¿nos estamos dando cuenta por fin que la política no puede ni debe restringirse a los espacios institucionales o meramente del espectáculo? ¿Será que en la lucha por los derechos humanos –una de las más reivindicadas-estamos reconociendo que hay demandas populares con las cuales empatar sin que suenen a asuntos de unas cuantas ongs (que además las despolitizan) y que cuestionan el orden neoliberal e incluso no tienen más remedio que pensarse desde una perspectiva anticapitalista?[1] ¿Será que estamos sintiendo la urgencia de generar nuestros espacios de poder desde abajo para cambiar las correlaciones de fuerza a partir de la necesidad de tener nuestros propios medios de expresión, fortalecer nuestras organizaciones, impulsar nuestros propios emprendimientos económicos, sociales y culturales?

¿Será que hallaremos nuestra distinción respecto del nacionalismo en que nosotros creemos en la democracia radical, que queremos ir más allá del desarrollismo nacionalista capitalista, que consideramos que hay cuestionamientos de alcance civilizatorio respecto nuestra relación con la naturaleza y con respecto a la diversidad y que nos parecen cantos de sirena los llamados a la “unidad nacional” anulando la política como ámbito de disputa de imaginarios y proyectos sociales antagónicos?

¿Será -finalmente- que hemos comprendido que así como idealizamos tanto lo “estatal” en la política, también hemos idealizado lo “molecular”, lo “micro” como espacio para hacer política y que necesitamos construir un poder social alternativo, pero también un proyecto político que pueda dotarse de una estrategia desde la cual disputar hegemonía en todas las esferas y ámbitos?

Hoy más que nunca no debemos suspender el pensamiento crítico, debemos ser más bien capaces de encontrarnos e ir, sobre la base de nuestras prácticas, construyendo una agenda desde abajo que nos permita intervenir desde la izquierda en este proceso y dar nacimiento a un proyecto político, social y cultural de izquierdas al calor de la batalla electoral, con proyecciones para después. Con esto debemos contribuir a que la mafia fascista del fujimorismo no llegue al gobierno, pero con la claridad de que estamos bastante lejos de materializar los cambios estructurales que tanto se reclama, y que necesitamos un proyecto de izquierdas para lograrlo.



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[1] Por ejemplo la memoria, con quienes fueron afectados por el conflicto armado; la libertad de expresión como algo que no puede restringirse sólo a los grandes medios y a los oligopolios mediáticos; los derechos respecto del “medioambiente” con los “conflictos socioambientales” cada vez mayores y la emergencia de actores indígenas que reivindican la diversidad cultural; la equidad de género y la diversidad sexual que confronta contra el conservadurismo de quienes controlan el gobierno y están asociados a la iglesia.; el derecho al trabajo digno cada vez más confrontado con una reproducción de la precariedad laboral en los trabajadores jóvenes y la ausencia de formas de protección social para los más mayores. Finalmente, ¿será que a partir de estos será posible armar una plataforma para desprivatizar el Estado, politizar nuestras prácticas y resignificar la democracia como algo que no es sólo una cosa abstracta que se materializa cada 5 años?

viernes, 15 de abril de 2011

A propósito del 5 de Abril, las elecciones presidenciales y la represión en Islay/ Alvaro Campana

El recuerdo este año del golpe de estado del 5 de abril de 1992, es particularmente especial porque se da en un contexto electoral presidencial en el que parece corroborarse una vez más las grandes grietas del neoliberalismo instaurado en el Perú de entonces, y porque su legado se expresa descarnada y autoritariamente en la brutal represión que vive el pueblo de Islay en estos días.