lunes, 27 de mayo de 2013

Primera Asamblea Continental de Movimientos Sociales hacia el ALBA: Integración desde abajo y desde adentro para la transformación social.

Entre el 16 y el 20 de mayo pasados, en Guararema Sao Paulo, en el hermano país de Brasil, y específicamente en la Escuela Florestán Fernandes del Movimiento Sin Tierra, se llevó a cabo la reunión fundacional de la Articulación de Movimientos Sociales hacia el ALBA. La Asamblea contó con la participación de más de 160 delegados y delegadas de 22 países de Nuestra América, todos ellos militantes de organizaciones indígenas, campesinas, de mujeres, urbanas, feministas, de lucha contra el extractivismo, de educación popular, sindicales, entre otras. Una delegación peruana estuvo allí representando a la Articulación de Movimientos Sociales del Perú, espacio identificado con esta iniciativa y que viene trabajando hace ya cierto tiempo y que ha venido realizando algunas actividades, incluida una Plenaria Nacional. El MPP también hace parte de este esfuerzo de construcción de un Frente de trabajo internacionalista.

La Asamblea, dedicada al presidente Hugo Chávez inspirador fundamental del ALBA y del nuevo aliento que han tomado los pueblos del mundo en su lucha libertaria, se produce luego de un proceso de maduración de algunos años. Con una historia previa que se relaciona con la dinámica de articulación de los movimientos sociales en el marco del Foro Social Mundial, y con el desarrollo reciente de algunas iniciativas, se han ido sentando las bases de la articulación de movimientos socio-políticos de Nuestra América. Podemos mencionar entre estas iniciativas la realización de escuelas de formación de militantes, cuadros, formadores con un alcance continental, especialmente las realizadas en la Escuela Florestán Fernades; el impulso de la comunicación popular, comunitaria y comunal consideradas fundamentales para romper los cercos mediáticos a lo largo de nuestros países; la realización de campañas continentales de apoyo a la lucha de los pueblos; y, finalmente, diversas reuniones, tanto en los propios países a través de sus capítulos, como de coordinación continental.

Así, llegamos a esta Asamblea fundacional en la que se definieron una primera estructura orgánica, líneas de acción conjunta y se reafirmó la adhesión a la Carta que dota de identidad a la Articulación. Relatar lo vivido que incluye el trabajo diario desde lo cotidiano en la Escuela donde todos y todas hacemos las labores de limpieza y mantenimiento o analizar las discusiones y reflexiones desarrollados en esta rica experiencia, implicaría una mayor extensión en el presente artículo, por lo que nos referiremos a algunos aspectos solamente. 

1.     Un espacio de renovación política y revolucionaria desde los movimientos sociales

Entre las cosas que es preciso mencionar está el hecho que esta reunión congregó a un conjunto de movimientos sociopolíticos que, recogiendo lo mejor de la tradición revolucionaria del continente, han decidido también asumir los desafíos de la nueva escena contemporánea, así como superar muchas de sus propias limitaciones que se constituyeron en trabas en la historia de la izquierda latinoamericana y mundial.

En este sentido, muchas de las organizaciones presentes reivindican el poder popular como un eje fundamental para la construcción de una alternativa desde la diversidad al capitalismo, recogen el horizonte del buen vivir para la construcción del ecosocialismo y asumen en toda su complejidad la tarea de impulsar estos procesos desde un internacionalismo renovado. Esto, en un contexto en el que son varios tipos de proyectos los que están en juego en América Latina y el Caribe con gobiernos de diverso signo que obligan a establecer un conjunto de estrategias diversas en las que el denominador común es la necesidad de afirmar la autonomía y hacer de los movimientos motor del poder constituyente y transformador de la realidad de nuestros pueblos, sin dejar de lado el reto de la proyección política hacia lo institucional.

De esta manera, la hipótesis radicalmente democratizadora del poder popular, que se centra en la construcción de sujetos colectivos que combaten las relaciones coloniales de explotación capitalista, de opresión patriarcal, de discriminación étnico-racial, de cosificación y mercantilización de la naturaleza, y de dominación imperialista, apunta al autogobierno, la construcción de nuevas relaciones sociales desde abajo, y a una integración entre los pueblos basada en la solidaridad como base para la construcción del sueño emancipador del ecosocialismo.

En un proceso que implica abordar los lados más sombríos y los radicalmente humanos, en medio dela exacerbación por parte del capitalismo  de la soledad y el egoísmo, los participantes pusieron en juego y en una discusión potente los métodos de trabajo, las formas de discutir y construir lo colectivo, y de trabajar sobre la base de la diversidad constitutiva de lo popular, considerada como una fuente de riqueza y no como una traba para la lucha y la elaboración de alternativas.

Una izquierda nueva ha emergido en el continente y halla una de sus primeras síntesis en la articulación tras largos años que sobrevinieron luego de la derrota sufrida por los experimentos socialistas, representada la caída del Muro de Berlín; el arrinconamiento de Cuba y la imposición violenta del neoliberalismo a escala global. Hija de las luchas alterglobalizadoras, y de la resistencia tenaz de los movimientos sociales al nuevo orden mundial contribuyendo a abrir el curso de muchos de los procesos de cambio que vive Nuestra América, esta izquierda también hunde sus raíces en las históricas luchas de los pueblos originarios, del sueño bolivariano, de los trabajadores, y de las mujeres.

2.     Articular nuestras luchas a una escala continental y global para superar el capitalismo.

En las discusiones desarrolladas en la Asamblea se hizo un diagnóstico del capitalismo, de las dificultades de los gobiernos progresistas y de la ventana que se abre en este momento para profundizar los procesos de cambio en el continente desde la radicalidad política de los movimientos sociales, esto con el aporte de compañeros y compañeras como Isabel Rauber, Claudio Katz, François Houtart y Gustavo Codas. Resaltamos la caracterización de los proyectos en curso en Nuestra América que se vinculan además a diversas formas de integración. De esta manera se constató la persistencia del proyecto neoliberal en el que se articulan gobiernos como los de México, Colombia, Chile y Perú y que apuestan a lanzar la Alianza del Pacífico en función de los intereses del imperialismo norteamericano y que no es otra cosa que la re-edición, aunque mucho más ambiciosa, del ALCA que fuera derrotada el 2005 en Mar del Plata.

Los gobiernos neo-desarrollistas que se debaten entre momentos de afirmación de la soberanía y proyectos de desarrollo autónomos en el marco de esfuerzos por avanzar hacia formas de capitalismo nacional y estados sociales redistributivos sin necesariamente procesar cambios estructurales; y su dependencia de economías rentistas y extractivistas con tendencias a reforzar las formas de acumulación por desposesión de alcance global. De esta manera, estos gobiernos se hallan vinculados fundamentalmente a procesos de integración relacionados a la economía y los mercados y también dinámicas geopolíticas, generando principalmente espacios de comercio común que pueden aportar a la proyección de las economías nacionales, pero también son aprovechados por las trasnacionales. Entre estos están por ejemplo el MERCOSUR y la CELAC.

Finalmente, tenemos el atisbo de una forma de integración distinta, que trasciende lo económico y que busca desarrollar la solidaridad, la complementariedad, la no competencia y el buen vivir entre los pueblos,. Esta iniciativa nacida de la Venezuela Bolivariana, a la que se adhirieron varios otros gobiernos populares es la que toma forma en el sueño de la Alianza Bolivariana de las Américas- ALBA. Dentro de esta iniciativa, que agrupa a varios estados, se abrió hace algunos años un espacio para los movimientos sociales continentales. Estos, se propusieron empujar esta modelo de integración aún en construcción, en contradicción con los gobiernos neoliberales, en alianza y lucha con los contradictorios gobiernos neodesarrollistas y a través del impulso de iniciativas concretas en el marco de los procesos más avanzados, asumiendo que los gobiernos populares se siguen desenvolviendo en el marco Estados capitalistas.

De esta manera se trata de empezar a articular las luchas de los pueblos en un conjunto de ejes tanto (multi)sectoriales, trasnversales-funcionales (formación, comunicación) y de campañas concretas en las que se busca trascender el “apoyo moral” para pasar a la solidaridad activa a través de brigadas, la movilización de masas, entre otras formas de ejercicio concreto del internacionalismo para respaldar las diversas luchas. Igualmente se trata de ir desarrollando propuestas desde los movimientos para construir alternativas concretas al neoliberalismo y al capitalismo. Muchas de las organizaciones presentes, desde su práctica concreta han desplegado no sólo lucha de masas, sino han aportado a la construcción de espacios de decisión popular en espacios comunales, barriales y laborales; han impulsado espacios de formación política y académica popular; emprendimientos autogestionarios de diverso tipo y de carácter productivo entre otros, en su búsqueda por construir aquí y ahora alternativas al capitalismo.

Atraviesa la apuesta de los movimientos sociopolíticos hacia el ALBA el convencimiento que la lucha y las experiencias que se vienen construyendo desde los diversos espacios territoriales y sectoriales, desde los ámbitos locales y nacionales, no se sostendrán si es que no lo hacen desde una perspectiva continental e incluso global para derrotar decididamente al capitalismo y avanzar hacia el socialismo.

3.     Las tareas y la urgencia de la solidaridad.

Un conjunto de acuerdos y lineamientos se definieron en la Asamblea (los que se pueden encontrar en las páginas relacionadas a la articulación que adjuntamos más abajo), todos puestos de manera permanente en discusión y establecidos como herramientas de trabajo para avanzar en la lucha. Más allá de estos acuerdos y lineamientos con sus vacíos y limitaciones que deberán seguir siendo debatidos y mejorados rescatamos los desafíos planteados por Joao Pedro Stedile del MST brasileño, como dinámicas y ejes permanentes de trabajo:

-    Impulsar la lucha de masas a nivel continental que no es otra cosa que multiplicar la acción política de los pueblos.
-   Desarrollar la formación política que la que ninguna institución educativa formal se hará cargo y que es tarea de la militancia popular.
-   Multiplicar los medios de comunicación popular y hacerle contrapeso al poder mediático en nuestros países y en el conjunto del continente.
-   Efectivizar la solidaridad activa con los pueblos de Nuestra América. No basta con declaraciones, se necesita poner el cuerpo.
-    Avanzar en las experiencias de educación popular para fortalecer a las organizaciones de base y las luchas populares.
-    Promover las experiencias de autogestión y economía popular.
-  Finalmente, articular todas nuestras luchas desde una perspectiva anticapitalista, antipatriarcal, antimperialista.

Stedile afirmó que el socialismo no es una doctrina, es un horizonte que debe desarrollarse en la “lucha de clases”, en medio de las mayorías y sus realidades concretas. Rechazó así la actitud de los “socialistas” que sólo quieren reunirse y relacionarse con los que son socialistas cuando lo que hay que hacer es actuar y aprender en las luchas concretas y de cara a las grandes mayorías populares.

Finalmente, asumiendo la urgencia de solidaridad con pueblos hermanos como Cuba, Venezuela, Honduras y Paraguay, recogemos la tarea inmediata de poner los ojos en pueblos que han sido sistemáticamente agredidos y que se vuelven claves en la hora presente: Colombia, donde ahora se procesa el diálogo de paz entre las FARC y es Estado, requiere hoy más que nunca del apoyo del continente entero. La paz y la justicia social deben llegar pronto al pueblo colombiano lo que además será clave para desmilitarizar el continente. La otra gran herida es Haití, donde incluso muchos de los gobiernos progresistas y populares tienen a sus tropas como fuerzas de ocupación. Haití, cuna de la emancipación nuestroamericana no puede seguir en el olvido de los internacionalistas que han decidido avanzar en la construcción del socialismo indo-afro-caribeño.

Algunos Documentos para más información:
Carta de los Movimientos Sociales Belém 2009
Declaración de la Primera Asamblea Continental de los Movimientos sociales



sábado, 11 de mayo de 2013

El MPP expresa su dolor por la partida de Javier Diez Canseco


El movimiento popular y la izquierda peruana y latinoamericana se encuentran conmovidos ante la pérdida de uno de sus hijos. Javier Diez Canseco se nos ha ido luchando sin descanso, como luchó desde su infancia,y deja tras de sí una estela de consecuencia que siempre será reconocida por nuestro pueblo, deja a las nuevas generaciones la exigencia de continuar la lucha por un Perú nuevo dentro de un mundo nuevo, tarea que deberemos enfrentar asumiendo nuestros propios desafíos.



Hoy, a la partida de Javier, pensamos en ese horizonte que nos plantea surgido de su corazón y su pensamiento a través de sus palabras: “nos imaginamos un Perú donde todos podamos ser felices, podamos echar al vuelo nuestra imaginación y podamos ejercer nuestros derechos,ese es el Perú que queremos”, ese es el Perú de sus sueños y los nuestros, y ese es su legado de lucha que llevamos en lo más alto de nuestras banderas para continuar movilizando su esperanza de transformación en el corazón de nuestra gente.



La partida de nuestro querido compañero marca también el momento en que una nueva generación debe asumir la tarea de reconstruir un camino socialista para el pueblo peruano, un socialismo que recoja lo mejor de nuestra historia y nuestras raíces, y sea  capaz de asumir los desafíos de la nueva escena contemporánea, desde una nueva radicalidad política. Se trata de forjar un proyecto anclado en nuestras raíces, pero también dispuesto a ir a la raíz de los grandes problemas que afronta la humanidad. Para nosotros y nosotras se trata de luchar contra toda forma de dominación y desarrollar la potencia y el protagonismo del pueblo, en todos los campos, desde abajo, desde adentro, para superar la civilización de muerte en que nos hallamos atrapados.


Además de ello, no podemos dejar de mencionar la última tarea en la que Javier estuvo tan intensamente involucrado y que se vincula a lo anteriormente dicho: la construcción de una herramienta política que nos permita superar la crisis en la que hoy se hallan las izquierdas. Una herramienta que, recogiendo sus reflexiones sobre la experiencia de Izquierda Unida, debe ser más que una alianza electoral, debe convertirse en un espacio de unidad en la diversidad, a partir de la cual articulemos todas nuestras luchas y seamos capaces de multiplicar la acción política de las mayorías, el ejercicio concreto y transformador de la democracia para impulsar la refundación del país. Una tarea que implica no sólo el ejercicio del gobierno, sino sobre todo la transformación concreta de las condiciones de vida de los y las peruanas, como también una “reforma moral e intelectual”.


Los que hemos vivido con Javier las luchas e incluso discrepado con él en las marchas y contramarchas del movimiento popular, extrañaremos su presencia física pero sabremos mantener viva la llama que encendió en nosotros para mantener el camino por un Perú mejor, sin opresión, pobreza y desigualdades, y sin darle un minuto de descanso a aquellos que tiñen de corrupción, violencia, injusticia y apatía la vida del pueblo peruano.


Como decía el Che, debemos ser capaces siempre de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera, en cualquier parte del mundo. Esa es la cualidad  que Javier nos supo trasmitir  desde su consecuencia en las luchas por las causas populares y de su defensa de los derechos de las clases oprimidas de este país y de Nuestra América.


El Movimiento por el Poder Popular, heredero de las mismas causas justas que abrazamos junto con él, hoy lo recuerda entre nosotros con respeto y admiración y nos solidarizamos con sus deudos y con el dolor de toda la izquierda peruana por su partida.



                                     ¡Cuando un revolucionario muere! ¡Nunca Muere!
                                                    ¡Crear,forjar, Poder Popular!
                                                  Movimiento por el Poder Popular

jueves, 5 de abril de 2012

Pronunciamiento del MPP a veinte años del golpe de estado fujimontesinista



Un 5 de abril de 1992, Alberto Fujimori, Vladimiro Montesinos, un sector de las Fuerzas Armadas, grupos económicos y mediáticos urdieron un golpe de estado que no sólo terminó con el periodo democrático iniciado en 1980 sino con un proceso más vasto de transformación democratizadora iniciado a finales de los años sesentas que acabaría con la oligarquía, contribuyendo desde entonces a la constitución de una neo-oligarquía trasnancionalizada.

Así, hace 20 años empezó a consolidarse en nuestro país la instauración de un modelo no sólo económico, sino político y cultural: el neoliberalismo. Un modelo represivo, criminal, envilecedor y corrupto que debió apelar a la dictadura política económica y cultural, a la violación de los derechos humanos, a la manipulación mediática y psicosocial, y al saqueo de nuestros bienes públicos para realizarse y perdurar.

En un contexto en el que un modelo de acumulación capitalista transitaba hacia otro, tuvo lugar una prolongada crisis que destruyó, junto a la guerra sucia alentada por el terrorismo subversivo y el terrorismo de estado, los derechos conquistados y el tejido social y organizativo construido a lo largo de décadas por los sectores populares en el Perú.

Desde entonces padecemos, a pesar de los recambios de gobierno a través de las elecciones, muchos de ellos elegidos por una sólida voluntad de cambio, un “estado de excepción” que tiene su documento fundamental en la constitución del 93, surgida del fraude, y que garantiza la reproducción del mismo modelo. Un país cada vez menos democrático con la soberanía popular restringida y sometida a los poderes fácticos, un Estado represivo y criminalizador funcional a una economía global de “acumulación por desposesión”, que pasa por encima de los pueblos que habitan el país violentando sus derechos, culturas y territorios, que nos condena a ser productores coloniales de materias primas y que perpetúa una corrupción cada vez más legalizada e institucionalizada.

Vivimos pues en un país en el que se siguen exacerbando las diferencias e injusticias sociales y culturales, se multiplican las ciudadanías de segunda categoría, se extiende la violencia asesina que acaba con la vida de quienes se resisten a la infamia para enriquecer y dar poder a unos pocos a los que poco interesa el futuro, quienes a nivel local, nacional y global destruyen la experiencia acumulada por la humanidad y a la naturaleza en medio de una evidente crisis civilizatoria.

Veinte años después la tarea de abrir un nuevo curso y construir un proyecto histórico popular, democrático, intercultural en nuestro país está pendiente. Un proyecto de democratización radical del estado y de la sociedad, un Estado plurinacional que haga realidad la convocatoria a la patria de todas las sangres en el que los pueblos y sus territorios son respetados, en el que en el campo y la ciudad construimos una sociedad basada en la autonomía, la solidaridad y el buen vivir a diferencia de la lucha fratricida brutal y depredadora a la que nos somete el actual modelo. Un proyecto que permita generar un mundo multipolar y solidario que afronte la grave crisis ecológica, la guerra y el pillaje capitalista.

Hoy más que nunca la izquierda, los movimientos sociales, los trabajadores, los indígenas, las mujeres, los y las jóvenes que logramos la derrota del fujimontesinismo estamos llamados a construir este proyecto que tiene para nosotros un norte y un medio fundamental: la construcción del poder popular, el ejercicio del poder constituyente que de cara al bicentenario de la República nos permita, en las calles, en los espacios institucionales, en diversas experiencias de transformación concreta de las relaciones sociales en múltiples ámbitos, lograr una democracia sustantiva, una sociedad justa y con reconocimiento de su diversidad logrando así una patria para todas y todos, un Perú Nuevo dentro de un mundo nuevo.

martes, 13 de diciembre de 2011

Ante la renuncia de Lerner y los cambios en el Gabinete: ¡Construyamos alternativa popular desde la izquierda!

Ante la renuncia de Lerner y los cambios en el Gabinete: ¡Construyamos alternativa popular desde la izquierda!



La renuncia de Salomón Lerner al premierato, y el nombramiento de Oscar Valdés en su lugar, cierran una etapa del gobierno de Humala. La interrogante es cuáles serán las características del nuevo periodo. Por las declaraciones y el desempeño del flamante Premier frente a la protestas de Cajamarca contra Minas Conga, así como por  las declaraciones del Presidente Humala, ya no sólo se trata sólo de una clara opción a favor del gran capital y las inversiones (“el crecimiento”, en el lenguaje políticamente correcto), sino la entronización de un estilo autoritario en el tratamiento de las luchas sociales: la detención arbitraria de los dirigentes cajamarquinos, la congelación de las cuentas del Gobierno Regional de Cajamarca, además de la declaratoria del Estado de Emergencia, son una advertencia a los líderes, lideresas y movimientos sociales sobre lo que pueden esperar en el futuro.

La formación militar del Presidente y su nuevo Premier son una anécdota, no la causa de este giro autoritario. El agotamiento del Gabinete Lerner evidencia la precariedad de la “mayoría” articulada en la campaña de la segunda vuelta, una mayoría construida en torno a personalidades e individualidades y, probablemente, buenas intenciones, pero, en muchos casos, sin articulaciones ni compromisos claros con las mayorías que aspiraba a representar.

Muestra también el agotamiento de la fórmula de “cambiar algo para que no cambie nada”. La Ley de Consulta y el Gravamen Minero fueron dos gestos importantes. Pero los cambios que aspira la gente requerían más que gestos. Se requería voluntad política para impulsar una reforma del Estado que lo librara de lobistas y funcionarios preocupados más por quedar bien con las empresas que por garantizar los derechos de los ciudadanos. Se requería voluntad política para reimpulsar la descentralización, otorgando verdadero poder y capacidad de decisión a gobiernos regionales, más allá de los temores de los tecnócratas limeños. Se requería voluntad política para reconocer y proteger los derechos laborales. Se requería voluntad política para impulsar los procesos de Zonificación Ecológica y Económica y Planes de Ordenamiento Territorial donde la voz de la gente fuera tomada en cuenta. En fin, se requería voluntad política para tomar en cuenta la voz de los pueblos en las decisiones que concernieran a sus territorios, sus recursos, sus vidas.

El gobierno es responsable de la falta de voluntad política y del poco diálogo con las autoridades y dirigentes cajamarquinos; pero una mayoría precaria y poca voluntad política para imaginar pistas y osar salidas ante la presión de los poderes fácticos, es responsabilidad de todos nosotros, en especial de una izquierda demasiado atada a las sombras de su pasado. Si algo tiene de útil el golpe de timón en el gobierno, es recordarnos que para realizar transformaciones significativas, no basta un líder y una mayoría electoral, ni la maniobra oportuna en la asamblea o el discurso incendiario en la plaza. Requerimos construir nuevas articulaciones, fortalecer organizaciones sociales y organizaciones políticas, aprender a trabajar juntos y juntas más allá de temporales protagonismos, aspiraciones personales o de pequeños grupos. ¡Refundemos la izquierda y avancemos hacia el frente único tantas veces frustrado!

Si el Presidente Humala ha querido dar un mensaje con el nombramiento de Oscar Valdés, debemos prepararnos para responderle desde los movimientos sociales y las organizaciones de izquierda: Señor Presidente, ¡no cejaremos en la lucha por la defensa de los derechos, por la defensa de la vida, de la autodeterminación de los pueblos, por la construcción de una patria diferente!

Movimiento por el Poder Popular

Lima, diciembre de 2011

martes, 29 de noviembre de 2011

Solidaridad con Cajamarca/ Pronunciamiento del MPP

CAJAMARCA, PERU Y LATINOAMERICA AFIRMAN SU DIGNIDAD  
LA VIDA, LA LLUVIA NO SE VENDEN  
SOLIDARIDAD CON LA LUCHA DEL PUEBLO DE CAJAMARCA CONTRA LA IMPOSICIÓN DEL PROYECTO "MINERO DE LA CONGA"  
 
El MPP, como corriente organizada del movimiento popular peruano, quiere expresar su más profundo respaldo a la causa que hoy moviliza a vastos sectores de la población de Cajamarca. Esta movilización expresa la indignación popular frente a la pretensión de imponer "si o si" el proyecto de inversión de gran minería de Conga. Todos los actores del país debemos tomar conciencia que por el camino de la imposición, del abuso y de uso de la fuerza del Estado, no se pueden lograr más que fracturas y profundización de la violencia y la injusticia social. Así no vamos a ninguna parte.  
  
Hacemos un llamado a todas las fuerzas organizadas, y a los ciudadanos y ciudadanas en general, a movilizarnos de forma continua, pues es la lucha contra el capitalismo "extractivista" que se busca imponer y que afecta y cruza a todo el país.  Esta es una lucha que ha marcado y marcará la lucha social peruana en las últimas y próximas décadas. Desde el Arequipazo, pasando por Bagua, Tía María, Majaz, Tambo Grande, Rio Corrientes  y ahora más recientemente Andahuaylas y Cajamarca. Todo el país invadido por la voracidad de las grandes mineras y petroleras y al mismo tiempo miles y miles de peruanos resistiendo y afirmando su propio camino de desarrollo o Buen vivir.

Los sentimientos y aspiraciones de amplios sectores del pueblo peruano afectados por las grandes empresas petroleras, mineras y otras extractivas, deben leerse como un justo pedido de respeto a sus casas, a sus territorios y fundamentalmente a su derecho a decidir en cualquier situación que afecte significativamente sus vidas y su entorno. Acompañamos y saludamos el valor y dignidad que tienen pobladores, autoridades locales e incluso sectores consecuentes del actual gobierno cuando denuncian el chantaje del lobby minero, sus consultas amañadas y sus estudios de impacto ambiental pagados por "ellos mismos".

El gobierno debe asumir que tiene la ocasión de escuchar la justeza de la causa de los pueblos que resisten a la invasión de las empresas extractivas. Dialogo sí, pero con respeto a los pueblos, con respeto al derecho a la vida y la decisión de la gente. Y con respeto a su derecho de expresar su protesta de modo pacífico.

Ninguna vida humana, ningún sistema de vida, puede calcularse únicamente desde el lenguaje simplista y empobrecedor del "costo-beneficio" y de la "valorización monetaria". Ahora que miles y miles repiten y cantan en toda América Latina los versos de los hermanos de Calle 13 en su canción "Latinoamérica": "No se puede comprar la lluvia, no se puede comprar el sol, no se puede comprar mi alegría, no se pueden comprar nuestras vidas", reafirmamos nuestra principio que sostiene el incalculable valor de la dignidad. La dignidad no forma parte de viejas retóricas izquierdistas o de culturas arcaicas, es más bien es una actitud y una práctica bien concreta que se debe celebrar y practicar en el Perú y en todo el mundo.

Es la hora de la unidad de todos los sectores populares en esta lucha y todas las luchas contra los abusos de las grandes empresas extractivas. Exigimos coherencia al gobierno que prometió la gran transformación.

¡Vivan las luchas del pueblo peruano!

Movimiento por el Poder Popular

Lima, 24 de noviembre de 2011

El país que soñamos/ Movimiento por el Poder Popular












EL PAÍS QUE SOÑAMOS
Luchamos por un país y un mundo socialistas, donde la solidaridad, el buen vivir, el bienestar colectivo, la justicia y el respeto de la diversidad humana y de los sistemas de vida, sean una realidad.


Nos negamos a asumir que el capitalismo depredador y excluyente, y las formas políticas construidas en torno al mismo, sean “el fin de la historia”, la máxima posibilidad de realización de la sociedad humana. Reconocemos que las revoluciones populares triunfantes en el siglo XX constituyeron una esperanza liberadora, a costa muchas veces de un enorme sacrificio individual y colectivo. Pero en esos procesos, la promesa de liberación individual y colectiva no fue satisfecha, el mito del desarrollo, la lógica industrializante que puso a las personas al servicio de la economía, emparentó los proyectos socialistas realmente existentes con el capitalismo.

Hoy asumimos el reto de reinventar la palabra socialismo, de darle nuevos contenidos, nuevas prácticas, nuevos horizontes. Requerimos construir un proyecto de sociedad enraizado en nuestra historia, en nuestra gente, aportando desde nuestras particularidades a la lucha mundial contra el capitalismo hegemónico.

Queremos un país donde las personas puedan trabajar creativamente dentro de una economía justa, diversa, y en armonía con la naturaleza. Donde trabajo y alegría no sean experiencias contrapuestas. Una sociedad en la que todos nos reconozcamos como ciudadanos con derechos y deberes y en la que la diversidad sea reconocida como un valor. Una sociedad donde todos practiquemos una ética solidaria.

Queremos un país donde el hambre, el analfabetismo, el abuso de los poderosos, sean sólo parte de la historia, pero donde todos y todas conservemos la memoria, reflexionando sobre lo que fuimos y lo que aspiramos a ser. La lucha no es sólo contra la opresión política y económica, la liberación de la humanidad tiene múltiples dimensiones, que incluyen la lucha contra el patriarcado y contra todas las formas de discriminación (étnica, religiosa) que bloquean las transformaciones que aspiramos.

Queremos un país donde lo colectivo como valor y como práctica no signifiquen una nueva forma de opresión, sino sean la condición y el incentivo para la realización y la libertad individuales.

El reto del momento es construir alternativas al capitalismo extractivista que nos condena a reproducir una economía dependiente y primario exportadora. Requerimos imaginación y voluntad para encontrar nuevas formas de organización de la economía, de articulación de la sociedad, que enfrente y resuelva los problemas históricos de desigualdad, pobreza y exclusión, pero sin caer nuevamente en la estrechez de la mirada desarrollista, industrializante. No se trata sólo de cambiar el modelo, se trata de cambiar el sistema.

Reconocemos que en este terreno, hoy todavía tenemos más preguntas que respuestas. Pero las preguntas se resuelven en la práctica, no en la contemplación. Construiremos el país y el mundo que soñamos día a día. Nos inspira la utopía, pero creemos que el futuro se construye transformando el presente. La lucha del presente, además, es por superar un orden social y una cultura individualista y agresiva, que corroe la convivencia humana, que genera múltiples opresiones, el desprecio por lo público, el deterioro del ambiente por el consumismo y la búsqueda de ganancias.

Reivindicamos la construcción del Poder Popular como el espacio principal de acción política, como el medio de articulación de hombres y mujeres en un proyecto transformador común y a la vez diverso, heterogéneo. Reconocemos y fomentamos las diversas formas de resistencias y creación de alternativas que son expresión del poder popular. Estas formas están presentes hoy. No requerimos inventarlas, no somos los iluminados que llevamos la luz al pueblo, reconocemos la capacidad de resistencia, creación y transformación de nuestro pueblo, su capacidad de impulsar procesos capaces de cambiar el presente, y de sentar las bases para un nuevo país, para construir otros mundos posibles.

Queremos un país en el que todos y todas participemos activa y organizadamente en los procesos de toma de decisiones, en el que el Estado sea sólo un administrador, pero no el centro del poder ni la fuente de la coerción sobre otros y otras. El poder popular no se agota en una estrategia para la victoria electoral. Requerimos construir nuevas mayorías y nuevas hegemonías, no sólo en el terreno electoral, sino en las múltiples dimensiones de la vida.

miércoles, 12 de octubre de 2011

¡Unidad, movilización y organización popular para profundizar los procesos de cambio que el país necesita!

El Movimiento por el Poder Popular (MPP) se constituye recogiendo la tradición de lucha y aspiraciones del pueblo peruano por un país con justicia social, democracia plena, y sin exclusiones. Nos declaramos socialistas, nos oponemos al capitalismo como sistema que genera desigualdades e injusticia, y orientamos nuestro accionar social y político al fortalecimiento de las organizaciones populares y la construcción de una democracia radical, siempre bajo el horizonte de que las grandes transformaciones sociales son realizadas por el pueblo organizado desde abajo.

Durante las pasadas elecciones presidenciales, si bien no fuimos parte de Gana Perú, no dudamos en apoyar la candidatura del hoy Presidente Ollanta Humala. Frente a la posibilidad del retorno del fujimorismo al gobierno y la prolongación por cinco años más de políticas de máximas ventajas para los grandes empresarios y las transnacionales, mínimos derechos para los trabajadores, clientelismo social para los más pobres y el extractivismo más brutal que acaba con nuestro medioambiente y la vida de comunidades y pueblos costeños, andinos y amazónicos, no podíamos ser neutrales y estuvimos junto a ese vasto sector del pueblo que se movilizó enarbolando las banderas de cambio.

Sin embargo, reconocemos que este gobierno, si bien abre la posibilidad de un giro significativo en las relaciones de poder y en la correlación de fuerzas, aún mantiene el modelo de “inclusión social con crecimiento económico” que no es otra cosa que el fallido “capitalismo con rostro humano”.

Consideramos que las iniciativas políticas lanzadas en las primeras semanas del gobierno de Gana Perú, si bien se presentan como expresiones de cambio en las políticas a favor de las mayorías, son aún insuficientes. El nuevo gobierno no responde suficientemente a nuestras expectativas de democracia participativa, autonomía y enfrentamiento a los poderes fácticos (cúpulas de la iglesia, medios de comunicación, altos mandos militares, grupos de poder económico, etc.), y de una propuesta de "Buen Vivir" que reconcilie de modo profundo la actividad humana con nuestro ambiente.  

No obstante, ante las aspiraciones de los poderes fácticos de imponer su agenda, queriendo decidir el rumbo económico, político y social del país, no podemos sino movilizarnos activamente para frenar en las calles el intento de la derecha de gobernar sin haber sido elegida en las urnas por el pueblo, pero manteniendo nuestra independencia política.

En ese sentido, reconocemos en primer lugar que los procesos de transformación no son posibles si sólo se miran desde los estrechos marcos gubernamentales, institucionales, sin la construcción de una correlación de fuerzas que desde abajo vaya generando de manera organizada los cambios que se requieren. Aún tenemos que recorrer un camino largo que hemos apenas iniciado y que no podrá realizarse sin la movilización, la lucha popular, la construcción de iniciativas autónomas que desde la lógica de alianza y lucha, asumiendo el carácter contradictorio de todo proceso, hagan avanzar en esos cambios al gobierno y la construcción de un proyecto alternativo de país.

De igual manera, manifestamos nuestro respaldo a la gestión de la Alcaldesa Susana Villarán, la misma que viene siendo objeto de una campaña desestabilizadora, promovida por los mismos que perdieron las elecciones y que gobernaron Lima haciendo grandes faenones y negociados, manteniendo a miles de ciudadanos en la marginación, y que hoy pretenden impulsar una revocatoria espuria. Con la misma firmeza, señalamos también nuestras observaciones a la gestión municipal: la propuesta de gobernar nuestra ciudad de manera honesta, democrática e inclusiva, requiere más audacia e iniciativa para involucrar activamente a los ciudadanos y ciudadanas y sus organizaciones en el diseño e implementación de los cambios ofrecidos.

Por ello, nos sumamos a la marcha cívica-popular de este 12 de octubre en respaldo al cumplimiento de las promesas electorales hechas por Gana Perú en beneficio de las grandes mayorías y hacemos un llamado a los sectores de izquierda y a las organizaciones populares a mantenernos vigilantes y movilizados, no solo para garantizar las reformas impulsadas desde el nuevo gobierno sino para profundizar procesos de cambio y defenderlos de los ataques de la derecha y los grupos de poder, que sin duda alguna harán todo lo posible para mantener sus privilegios.

Apoyo crítico, desde nuestra autonomía, desde la organización y proponiendo el impulso de una Asamblea Constituyente que genere la discusión y movilización en torno a los cambios en la Constitución pero sobre todo en la construcción de un proyecto popular alternativo.

¡Por la construcción de un Perú nuevo en un mundo nuevo!
¡Lucha y organización para alcanzar el Socialismo!
¡Creando, forjando Poder Popular!

Lima, Octubre de 2011

Movimiento por el Poder Popular

domingo, 9 de octubre de 2011

Ecuador y Bolivia frente a la colonialidad del Capitalismo Verde/Katu Arkonada y Alejandra Santillana



 En Ecuador y Bolivia, procesos desde donde hablamos y en los que militamos, enfrentamos el complejo reto de cambiar el curso de la historia entre el Norte y el Sur, que nos ha otorgado desde la colonia y el surgimiento de los Estados incompletos y fallidos, el trágico papel de exportadores de materias primas.

Extractivismo y colonialidad

Como sabemos el capitalismo funciona históricamente y de manera diferenciada tanto en lo territorial como en la configuración de relaciones sociales y en la existencia de una exterioridad, que corresponde a lo que Marx denominó una acumulación originaria del capital. Pero esto no estuvo presente solo en una primera fase de constitución del capitalismo, sino que se volvió parte de la expansión y construcción de hegemonía del mismo. El capitalismo por lo tanto coexiste tanto con ciclos de acumulación originaria y producción de exterioridad como con ciclos de acumulación ampliada. La producción de exterioridad significó para nuestros países el anclaje entre capitalismo y colonialidad, porque fueron nuestros territorios los que en la división internacional del trabajo constituyeron las colonias de donde se extraían recursos naturales y se transfería valor hacia el Norte. En efecto, el capitalismo construye y agudiza en forma de progreso y desarrollo, la necesidad de una exterioridad, un afuera que se refiere a la formulación de la naturaleza como esfera de explotación que se articula a la lógica de acumulación.

Los actuales procesos por los que atraviesan Ecuador y Bolivia se encuentran marcados por este sentido histórico, cuya matriz extractivista adquiere nuevos revestimientos y matices en un contexto de crisis de los países del Norte y arremetida del capitalismo para mercantilizar lo que queda del mundo de la vida y poder someterlo a los mercados especulativos.

Capitalismo verde

Este nuevo pacto ha significado el regreso a un principio ideológico del capitalismo, la creencia de que es dentro del mismo sistema que se pueden perfeccionar y reducir los costos y la coexistencia con la crisis. El producto más prolífico y perverso de este pacto es sin duda el capitalismo o economía verde que aparece como respuesta a la crisis climática, pero que constituye una nueva estrategia de acumulación y ampliación de mercados esta vez, verdes. El capitalismo verde se asienta sobre un nuevo pacto colonial, que pretende transferir la responsabilidad de la crisis climática a los países del Sur, bajo la intención de imponernos mecanismos como la Reducción de las Emisiones derivadas de la Deforestación y la Degradación Forestal (REDD) y otras estrategias vinculadas con el mercado del carbono, los agrocombustibles y los organismos genéticamente modificados (OGM)[1], a la par que las empresas y los países del Norte pagan ínfimas cantidades de dinero para que los países del Sur reduzcan sus emisiones, mientras ellos siguen emitiendo gases de efecto invernadero que contaminan al mundo.

No es sólo que la exterioridad colonial del capitalismo ha significado que sea con nuestros recursos y mano de obra que los países del Norte puedan crecer e industrializarse en un primer momento de acumulación originaria, sino que durante más de 500 años hemos ido actualizando esa injusta división internacional del trabajo. En el actual momento histórico y a nombre de que nuestro camino al desarrollo genera contaminación, el Norte ha decidido negarnos la posibilidad de que soberanamente podamos alcanzar lo que en 200 años de Estados incompletos jamás pudimos, justicia social. Los mecanismos del capitalismo verde niegan derechos legítimos de los sectores subalternos en el Sur, asignando un precio a los servicios del ecosistema y desarrollando mercados para estos servicios, como el agua, las tierras o el carbono de nuestros bosques y tierras comunales, así como iniciando una nueva fase de privatización de la naturaleza que relega al Estado a una función de regulador del mercado y que reduce los problemas de la degradación medioambiental a un plano de soluciones tecnológicas, creando nuevos mercados orientados a vender la tecnología de los países del Norte a nuestros países en el Sur.

La economía verde antepone el principio del negocio y del lucro por encima de cualquier consideración social. No hay más que ver las propuestas sobre agua que propone el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, UNEP por sus siglas en inglés,

“(…) además de satisfacer necesidades humanas básicas de agua potable, la inversión en el sector del agua es también un buen negocio. A nivel mundial, el mercado de la eficiencia del suministro de agua y saneamiento se estima en 253 mil millones de dólares y aumentará a 658 mil millones en 2020. La inversión estimada de 15 mil millones de dólares americanos por año para alcanzar la meta de los ODM de reducir a la mitad paria el año 2015 el porcentaje de personas sin acceso sostenible al agua potable y saneamiento básico, podría generar beneficios económicos por un valor de 38 mil millones de dólares al año, en donde los beneficios solamente para el África subsahariana serían de 15 mil millones”[2].

Otro argumento para rechazar la economía verde es que reemplaza el concepto de cooperación internacional por el de inversiones, así como el de países donantes por países inversionistas, y promueve la prevalencia de los partnerships basados en criterios de negocios por encima de la cooperación Norte y Sur. Esto tiene una implicación en los recursos para la financiación del desarrollo de los países del Sur, porque los recursos financieros para la economía verde vendrán de mecanismos financieros que movilizarán recursos del mercado de capital internacional emitiendo bonos de largo plazo que serán pagados por los países donantes en 20 o 30 años; recursos destinados ya no a la cooperación sino a inversiones inmediatas en los países en desarrollo en campos como agua “cuyas tasas de retorno son extremadamente favorables y rápidas”[3].

Ecuador y Bolivia

El capitalismo verde es parte fundamental del nuevo ciclo del capitalismo, un ciclo en el que se utilizan procesos de acumulación originaria para mantener el sistema capitalista, lo que David Harvey denomina acumulación por desposesión. Es la forma territorial y espacial que el sistema capitalista desarrolló para volver mercancía toda esfera de la vida, y es el mecanismo para configurar nuevos territorios, procesos de desterritorialización y reterritorialización cuyo objetivo central es la acumulación y la ganancia y no la reproducción de la vida.

En ese contexto, los procesos que se plantean la superación del neoliberalismo como transición hacia el Buen Vivir o Vivir Bien en cuanto a horizonte de descolonización alternativo al capitalismo, están marcados por un enorme reto. Ecuador y Bolivia tienen varias responsabilidades históricas para dar respuesta a este nuevo imperialismo financiero terrorista para con el Sur.

En primer lugar, en el ámbito internacional, y como miembros destacados del ALBA, deben liderar una respuesta en clave de justicia ecológica, social e histórica, ante la cita de la XVII Conferencia de las Partes (COP17) de la Convención sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas, que tendrá lugar en Durban (Sudáfrica) del 28 de noviembre al 9 de diciembre de 2011. En Durban debemos ratificarnos en el Acuerdo de los Pueblos de la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra de Tiquipaya.

En segundo lugar, y ya en un ámbito nacional y de políticas públicas, se deben adoptar una serie de acciones destinadas a destapar el disfraz verde del capitalismo. Medidas como el fomento de la agroecología a la vez que se destierran las subvenciones al agro negocio, prohibiendo además los organismos genéticamente modificados y los agroquímicos. Se deben impulsar asimismo otras formas de organización económica no capitalista, bajo lógicas comunales y comunitarias, y con el horizonte de la soberanía alimentaria. Todo ello enmarcado en procesos de reforma agraria, que promuevan una redistribución de tierras que beneficie al movimiento campesino y a los pueblos indígenas.

Tampoco podemos olvidarnos de Rio+20, la Cumbre de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible, a realizarse en Rio de Janeiro entre el 4 y el 6 de junio de 2012. Debemos ir a Rio con el objetivo de superar la pobreza y las desigualdades en clave de justicia social, pero también con el objetivo de restablecer el equilibrio con la Madre Tierra. El capitalismo verde será la apuesta fundamental del Norte en Rio+20, y como respuesta debe haber una articulación Sur Sur que rechace la mercantilización de la naturaleza. Es un error pretender descomponer la naturaleza en servicios ambientales sujetos a valoración monetaria e intercambio mercantil. No se debe poner precio a la función de almacenamiento de carbono que cumplen los bosques y menos promover su mercantilización como sostiene la iniciativa REDD.

En ese sentido debemos ratificar y profundizar la apuesta que hicieron Ecuador y Bolivia por una nueva arquitectura financiera, que desde la soberanía, la solidaridad y la cooperación, haga frente a la mercantilización y privatización. Se vuelve urgente y necesario consolidar un mecanismo tan útil para nuestros procesos como el Banco del Sur. Tampoco debemos olvidarnos de impulsar el Tribunal Internacional de Justicia Ecológica y Climática que persiga las violaciones a los derechos de la naturaleza.

Sabemos que el capitalismo verde nos va a llevar a un nuevo colonialismo moderno bajo la lógica de adaptación capitalista, donde se elimina la lógica de las responsabilidades comunes pero diferenciadas, buscando traspasar cada vez mayor responsabilidad a los países del Sur, promoviendo la lógica de que las responsabilidades tienen que ser cada vez más comunes y menos diferenciadas. Todo esto nos lleva a pensar que el capitalismo verde es una de las nuevas estrategias que tiene este sistema para construir ideológicamente hegemonía.

Ecuador y Bolivia se encuentran inmersos en procesos constituyentes, de desarrollo legislativo de nuestras Constituciones, que marcan el horizonte del Buen Vivir o Vivir Bien como paradigma alternativo de desarrollo, y en ese sentido oponerse al capitalismo verde supone pequeños pasos, tanto en el camino de la descolonización, como de la construcción de una sociedad postcapitalista.

* Katu Arkonada es investigador social diplomado en Derechos Económicos, Sociales y Culturales y Políticas Publicas, Alejandra Santillana es socióloga y militante feminista de la Asamblea de Mujeres Populares y Diversas del Ecuador

** Publicado originalmente en el número especial sobre capitalismo verde de la revista de la Agencia Latinoamericana de Información (ALAI)

[1] Vía Campesina, llamamiento a Durban
[2] UNEP, Global Green New Deal (2009), en
http://www.unep.org/pdf/A_Global_Green_New_Deal_Policy_Brief.pdf
[3] UNEP, Global Green New Deal (2009)

Bolivia: La obstinada potencia de la descolonización/ Raúl Zibechi

No es fácil encontrar un presidente que pida disculpas en público ante su pueblo, por las razones que sean, y menos aún cuando a los que solicita el perdón se oponen a un proyecto defendido con vehemencia por la máxima autoridad. Evo Morales es el único presidente que lo ha hecho en los últimos años, que yo sepa.

No es fácil encontrar un movimiento popular capaz de movilizarse con energía en defensa de un modo de vida que se está extinguiendo en el mundo, y de hacerlo incluso contra un gobierno presidido por alguien de su propia sangre, al que consideran hermano.

Es evidente, el propio gobierno lo reconoció, que la represión contra quienes defienden el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS) fue una decisión equivocada y una acción criminal. La población boliviana no está dispuesta a tolerar represión y muerte. Fue la masacre del Porvenir, en Pando en 2008, la causa de la derrota de la oligarquía cruceña. La población no tolera la violencia del Estado. Fueron demasiadas represiones en muchos años, desde la última de 2003 que se cobró 75 vidas en dos días, hasta las no tan lejanas de los 70 en las que los muertos se contaban por centenares.

Esa conciencia anti-represiva es una buena señal que Evo, y quienes apoyan su proyecto, podrían tomar como punto de partida para enderezar el proceso, porque esa misma población no está dispuesta a ser juguete de la derecha ni del imperio, como lo demostró de sobra por lo menos desde la Guerra del Agua en abril de 2000, en Cochabamba.

Es inocultable que hay intereses oligárquicos y multinacionales que se frotan las manos ante el conflicto en torno al TIPNIS, y hasta se tiñen de ambientalistas para promover distancias entre gobierno y movimientos. Es oportunismo y es síntoma de una derrota histórica infligida por esos mismos movimientos. La derecha boliviana no tiene espacio ni aire y sólo respira cuando el gobierno se equivoca, como lo hizo en diciembre cuando el “gasolinazo” y ahora con la represión en Yucumo.

También es evidente que la dichosa carretera interesa más al expansionismo brasileño que a la propia Bolivia. Nótese que algunos de los más importantes movimientos en la región, como el de Puno contra la minería y las hidroeléctricas y como el que defiende el TIPNIS, están enfilados contra proyectos de las multinacionales brasileñas financiadas por el BNDES. La misma lucha en Brasil enfrenta las represas de Belo Monte y del río Madera. Lo que menos necesitamos es debatir a quién beneficia cada acción: si a la derecha y el imperio o al subimperio y la burguesía paulista.

El fondo de la cuestión es el camino que desean transitar los pueblos que habitan Bolivia. Y esta es la cuestión más difícil, la más espinosa y la que menos estamos debatiendo. ¿Acaso alguien puede ignorar que el Buen Vivir y la no explotación de la naturaleza impedirá el acceso al consumo a grandes sectores de la población? ¿Es posible combinar una política no desarrollista, con bajo crecimiento económico, con una mínima satisfacción de las necesidades de alimentación, salud y educación de toda la población?

Es evidente que no tenemos respuestas, porque sencillamente no sabemos; y no sabemos porque damos por sentado que no hay vida más allá del modelo basado en el crecimiento económico. Podemos elegir la austeridad para sostener un proyecto de cambios, pero esa opción debe pasar por un debate sincero que no puede ser protagonizado por los sectores acomodados e ilustrados de las clases medias, que no son austeras ni están por fuera del consumo. Ese debate deben orientarlo los de más abajo, los que hasta ahora no tienen la vida resuelta, porque son los y las que pusieron el cuerpo contra el neoliberalismo y porque son quienes más tienen para perder si los procesos de cambio se desmoronan.

Hace falta voluntad política, y cierta audacia, para encarar esos debates y no dar por sentado que los tecnócratas de arriba ya saben lo que se necesita. La ventaja de Bolivia es que hay un presidente capaz de pedir perdón y, sobre todo, movimientos de los diversos abajos que saben lo que no quieren y están dispuestos a dar la vida para evitarlo. No sabemos, sin embargo, cómo es el Buen Vivir aquí y ahora, y eso debemos reconocerlo por una cuestión ética y porque sólo así es posible enriquecer los debates.

Convocar un referendo, como anunció Evo, en los departamentos de Beni y Cochabamba, donde está el TIPNIS, es la mejor forma de evitar debates de fondo. El problema es que abrir un proceso de debates, que no de negociación, requiere mucho tiempo, pero ese es el costo que una sociedad debe estar dispuesta a pagar para resolver cómo y por dónde.

La disputa entre movimientos y gobierno, que en Bolivia se va a mantener largo tiempo, es la mejor noticia incluso para los gobernantes que quieren cambios de verdad y no sólo estar aferrados a un cargo. No fue la “lucidez” de los cuadros, siempre blancos y tecnócratas, ilustrados y bien hablados, lo que cambió América Latina en la década oscura del neoliberalismo sino la acción cotidiana de las gentes del color de la tierra. Pensar que son buenos para poner el cuerpo pero no para conducir, sería reproducir los modos coloniales que son, precisamente, lo que pretendemos remover.

Decir Bolivia, aún hoy, es decir que todavía es posible que los de más abajo decidan. En el acierto o en el error. ¿No es esa la descolonización?

- Raúl Zibechi es periodista uruguayo, docente e investigador en la Multiversidad Franciscana de América Latina, y asesor de varios colectivos sociales.

ALAI AMLATINA, 29/09/2011