jueves, 20 de junio de 2013

Protestas por el alza de pasajes en Brasil: ¿la politización determina el camino del movimiento social?


 
 
Aunque en estos momentos el gobierno del estado de San Pablo ya decretó el no aumento del pasaje urbano vale precisar algunos datos: las manifestaciones por el aumento de la tarifa del pasaje en Brasil son promovidas por el movimiento Passe Livre (pasaje gratis), movimiento autónomo, horizontal, apartidario e independiente que lucha por un transporte gratuito para todos y no privatizado y que tiene como antecedente la revolta de buzu en setiembre del 2003 en la ciudad de Salvador de Bahía. Durante 10 días la ciudad estuvo paralizada por grandes manifestaciones motivadas por el aumento de la tarifa de transporte, en un principio el movimiento se declaró apartidista pero la negociación con las autoridades fue hecha por dirigencias estudiantiles “intrusas” adscritas al PT y al PSDB. El resultado de esta negociación fue la consecución de 9 de los 10 puntos del pliego de reclamos entre los que estaban la extensión a todo el año del pasaje estudiantil, la extensión de este tipo de tarifa a estudiantes de posgrado; pero el principal, la reducción de la tarifa, no se consiguió; esto aumentó la desconfianza hacia la izquierda que también era parte del gobierno y que ya gobernaba en una situación crítica por la poco popular medida de reforma de previdencia.

Esta situación no debe verse como una protesta únicamente por 20 centavos (aunque estos  20 centavos tienen significados e importancia distintos de acuerdo al nivel socioeconómico) sino más bien como una situación de hartazgo generalizado y debe ser también caldo de cultivo para una serie de cuestionamientos hacia el mismo modelo económico que la reproduce: ¿transporte público gratuito y de calidad para qué? ¿Para viajar más cómodos hacia nuestro verdugo? ¿A quién le corresponde esa tarea si no al pueblo organizado? ¿Cómo leemos desde el campo popular y autónomamente organizado que este movimiento se declara apartidario, es decir, rechaza el nexo o herramienta de disputa en un espacio ya institucionalizado? ¿Qué reto implica para las organizaciones políticas y los movimientos sociales el auge de estos reclamos?

De cara a un evento mundial en que Brasil será sede, gestos como el de una policía que se sienta junto a los manifestantes como señal de solidaridad  o el de una Dilma neoliberalizada que “se pone del lado del movimiento social”, dejan un tufo  populista que buscan lavar la cara de un país “simpático” donde su policía (Policia Militar) mata más que la policía de EEUU guardando aún la formación, estructura y función que tuvo durante la dictadura militar. Finalmente, nos provoca la pregunta de cómo se consiguió el objetivo de la movilización ¿por la misma fortaleza del movimiento o  es que en una lógica de costo beneficio, desde los que manejan el Estado y las empresas de transporte, era menos rentable seguir en esa situación?

 

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